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Fotógrafo gastronómico. Porqué?

A veces una visita nos regala conversaciones agradables. A veces tomamos café y otras veces nos gratifica con el sentimiento de unión para con el visitado o visitada.

Ayer estuve en Ediciones Vilbo para charlar acerca del futuro de nuestra colaboración. Estuvimos hablando de seguir con las puertas abiertas a trabajar juntos y en unos pocos minutos ajustamos nuestra amable relación. Después, aunque esta vez sin café, charlamos acerca de las necesidades del sector en lo que a visual se refiere con un experto como Jaume Cot.

No soy muy de alardear, pero estar plenamente de acuerdo con él en la falta de cultura fotográfica (visual en el fondo) en un siglo marcado por las apariencias me pareció sumamente gratificante.

Existe un enorme colectivo de gente dedicado a satisfacer nuestras necesidades gástricas y dentro de este existe un subgrupo que dedica todo su tiempo, sentimiento y pasión a no solamente alimentarnos, sino a hacernos gozar con el inevitable proceso de la alimentación. Cocineros, pasteleros, enólogos y personal de sala que se forman, estudian y suman experiencia para llenar los estómagos y los espíritus de los comensales que reciben en sus casas.

Hasta ahí todo bien. Muy bien, incluso.

De pronto, con la necesidad de aumentar sus ventas, sus precios, o de sostenerse en un mercado más y más competitivo, deciden promocionar lo que hacen por un canal o por otro. Buscan aparecer en una guía, ser recomendados en una web de renombre, tener un artículo en una revista muy leída o ser entrevistados en una radio local.

Al hacerlo asumen que, aunque su fuerza está en el cliente presencial, tendrán que mostrar sus gracias por canales limitantes. Seria extraño, casi imposible, que cada página de Dulcypas tuviera una textura y un olor según el postre presentado (qué dulce, también!). Seria absolutamente impracticable que al oir una entrevista en la radio nos sintiéramos en la sala del restaurante al que queremos ir. Seria; es, de hecho, imposible que las fotografias que tomamos los profesionales transmitan todo lo que un cocinero, un creador gastronómico ha querido poner en un plato. El sabor, la temperatura, el olor, la textura, la presentación...

Sin embargo aún asumiendo esa limitación, aún sabiendo que el 2D no expresará ni un ápice de las intenciones del creador, qué nos lleva a pensar que causará sensación una imagen tomada con un móvil en un rincón de un obrador? Cómo puede ser que el esfuerzo puesto en una creación dulce, en un emplatado especial, en una mezcla de texturas y sabor; se deje perder en lo que dura tomar una foto?

Para mi, es obvio que todas las creaciones que nuestros cocineros y pasteleros realizan merecen ser plasmadas con el máximo rigor. Intentando sumar valor, intentando evocar algo más de lo que las fotos nos permiten plasmar. Y para eso, aunque yo no tengo ni la experiencia, ni el paladar para crear lo que ellos y ellas crean; si que dispongo del conocimiento, la experiencia, el material y la técnica para fotografiar con creces lo que ellos crean. Con creces. Esto es, añadiendo valor, no restándolo. Intentando que permanezca todo lo que ellos y ellas han querido poner en esa creación.

Por eso, esencialmente, es importante disponer de un profesional que capture imágenes de calidad. Que plasme con el mismo ahínco con el que el cocinero creó, los valores de un plato, un postre o de hecho, cualquier creación. Por eso es importante contar, también en la promoción, con profesionales de la imagen y la comunicación.

Barcelona 7 de marzo de 2019